Arqueometrías

Arqueometrías secretas
En un hermoso librito el poeta argentino Arturo Carrera habla sobre textos poéticos e imaginarios visuales. Allí refiere a lo que él define como gemelos imperfectos: el misterio y el secreto. En apariencia serían dos fenómenos idénticos, en esencia, sin embargo, resultan muy distintos. Misterio sería todo aquello que no se sabe y que nunca podrá saberse, que se debe aceptar sin discusión. Secreto es también aquello que no se sabe pero que mediante ciertas circunstancias puede llegar a saberse. Una poesía, una imagen artística, pueden tener parcelas de misterio, pero no pueden esta dominadas por él. Serían productos ensimismados, herméticos. En cambio un poema o una obra de arte pueden configurar una cartografía plena de secretos.



La propuesta de Eloísa Ibarra entra en esta segunda categoría. Quien esto escribe decide no ayudar al espectador ofreciéndole claves o vías de acceso. Prefiere ofrecer interrogantes que por transitividad lleven a esas claves, esos posibles códigos.

Por ejemplo, una pequeña tablilla de reminiscencias sumerias se presenta como una especie de prólogo. Pero en ella no aparecen los consabidos signos cuneiformes sino un código QR. Esa tablilla, ¿es un indicio concreto o una expresión de nonsense carrolliano, o un travieso anacronismo escapado de alguna ficción borgeana? La ausencia de colores, el absoluto predominio del valor negro y el valor blanco, ¿pretende constituirse en un indicio o son un mero acontecimiento formal? Las formas que crecen en el espacio, el plano que aparece en la pared posterior, ¿se conjugan con la tablilla para conformar un conjunto significativo, o solo disfrutan la libertad de su despojada belleza? Quizás, es una posibilidad considerable, se trata de una silenciosa puesta en escena sobre las secretas cartografías del siempre poderoso mito. O quizás, funda una escenografía de signos arqueométricos, es decir, de signos pertenecientes a una disciplina que establece conexiones entre la arqueología y las ciencias físicas y naturales, y sus casi inasibles secretos.

Alfredo Torres
Curador de la muestra







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